Reflexiones para la transformación de los modelos de cuidado de la salud

La atención médica es un gasto importante para el sistema de salud, representando cerca de $6 billones en todo el mundo.

Nancy Yomayusa.

Especialista Medicina Interna-Nefrología

Instituto Global de Excelencia

Clínica Vicepresidencia Senior de Salud-Keralty

En promedio, US$4,000 por persona (ajustado por la paridad de poder adquisitivo, PPA) en países de la OCDE con una previsión de aumento de 4.1% anual entre el 2017 y 2021.

Colombia no es ajena a esta tendencia. En las dos últimas décadas el gasto en salud incrementó del 5.9 % al 8 % del PIB, con un ligero aumento de la esperanza de vida (76,2 años), pero todavía por debajo del promedio de la OCDE (80,6 años), sin embargo, el país se ubica en el cuadrante de bajo gasto con relación al promedio de la OCDE (9% del PIB) y baja esperanza de vida, incluso inferior a otros otros países como Chile, Japón o España, en donde se logran mejores indicadores en salud en relación al gasto. Entonces. el reto de Colombia será mantenerse en el cuadrante de bajo gasto, con incremento de la esperanza de vida y mayor eficiencia, alejándose de la tendencia de alto gasto evidenciada en EE.UU. (del 12.5% al 17.1% del PIB), donde cerca del 40% del gasto se deriva de mala alimentación, enfermedades cardiovasculares y el ingreso no racional de nuevas tecnologías. A pesar de los esfuerzos de los sistemas y organizaciones de salud para optimizar sus procesos y estándares de calidad, se observa una marcada ineficiencia en la relación costo-beneficio de los modelos de atención, lo cual impide el cumplimiento de objetivos de desarrollo sostenible.

Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), OCDE y el Banco Mundial los servicios de salud de baja calidad están retrasando el progreso en la mejora de la salud en todos los países independiente de su nivel de ingresos. En todos los países prevalecen los diagnósticos incorrectos, los errores de medicación, el tratamiento inadecuado o innecesario, las prácticas inseguras y los proveedores ineficientes, lo que se traduce en una atención fragmentada con mayores riesgos para la seguridad del paciente.

La falta de estandarización del cuidado basado en la evidencia, el uso no racional de tecnología y tratamientos médicos avanzados aumentan los costos e impulsan el gasto y limitan la sostenibilidad financiera. Este panorama se agudiza frente a las tendencias del envejecimiento, cronicidad, multimorbilidad y enfermedades causadas por las migraciones y otros determinantes sociales, lo cual constituye una oportunidad de cambio para Colombia, particularmente ahora que será evaluada bajo los parámetros de eficiencia de la OCDE, quienes enfatizan: «sin servicios de salud de calidad, la cobertura de salud universal seguirá siendo una promesa vacía. Los beneficios económicos y sociales son claros y necesitamos ver un mayor enfoque para investigar y mejorar la calidad, para crear confianza en los servicios de salud y dar acceso a servicios de salud de alta calidad y centrados en las personas». Es necesario apelar entonces a la racionalidad, equidad y sentido de coherencia y es perentorio hacer un llamado a todos los garantes de la atención, desde los equipos de cuidado hasta los responsables de las políticas públicas para gestionar una diáfana alineación entre aseguradores, pagadores y prestadores, tanto en sistemas públicos como privados, los cuales deberían garantizar por lo menos una meta común, mejorar la calidad de cuidado centrado en las personas por cada peso gastado, lo cual debe verse reflejado en un sistema de métricas centradas en la experiencia y los resultados que importan a las personas y al sistema de salud, con impacto real en salud y bienestar.

El cuidado basado en el valor difiere de la practica tradicional, en donde los prestadores reciben su pago en función de la cantidad de servicios de atención médica y se transforma en una prestación centrada en ayudar a las personas a mantener o mejorar su estado de salud, previniendo o retrasando la aparición de enfermedades crónicas, gestionando la complejidad y discapacidad con una práctica basada en la evidencia, direccionando la inversión hacia la prevención, promoción y atención primaria resolutiva y menor gasto en salud.

Así los prestadores lograrían eficiencia y los pagadores controlarían los costos y reducirían el riesgo al gestionar poblaciones más saludables. Los hospitales recibirían pagos ajustados a la calidad de la atención, lo cual garantizaría la mejora continua, el genuino compromiso con un cuidado seguro; la adopción de estándares basados en la evidencia trascendiendo de una gestión hospitalaria centrada en procesos a una atención centrada en las necesidades de las personas para crear mejores experiencias de cuidado que se verán reflejados en sostenibilidad, reputación y confianza para el sistema y las personas.

El pago basado en el valor también permite a los pagadores aumentar la eficiencia cubriendo la atención integrada e integral en ciclos completos de cuidado. Para lograrlo, se debe promover un cambio cultural y un pensamiento crítico que recupere el liderazgo y empoderamiento de los responsables del cuidado evolucionando de una práctica tradicional centrada en la enfermedad, a un modelo que integre desde la atención primaria a la especializada con el ámbito social y comunitario bajo la responsabilidad de un verdadero equipo de cuidado de cabecera.

La Canadian Health Services Research Foundation evidenció que los equipos funcionan mejor cuando tienen un propósito claro e implementan protocolos y procedimientos consensuados y transparentes. No es fácil hacer esta transición a un sistema basado en valor, dada la resistencia al cambio y el temor financiero de prestadores y pagadores. Es preciso enfatizar sus virtudes para la sostenibilidad del sistema y para ayudar legítimamente a las personas a lograr una vida más sana.

Pero para lograr un cambio verificable es necesaria la inversión en ciencia, investigación, innovación y la transformación tecnológica, que permita la integración de los sistemas de información y los registros clínicos para el seguimiento riguroso de los resultados, garantizando la transparencia del sistema, al igual que una renovación en la gestión del recurso humano, que promueva calidad, liderazgo, excelencia y un sistema que trabaje por objetivos comunes donde las personas, familias, comunidades, proveedores y pagadores sean garantes y verdaderos socios en la salud y bienestar de la gente.

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